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Criterio de taller

Cambiar el consumible sin perder el reglaje

En una máquina con cabezales de impresión, cada cambio de cabezal puede ser una puesta a punto nueva. O no. La diferencia está en si el diseño separa lo que se gasta de lo que posiciona.

Hay piezas de una máquina que se gastan: cabezales de impresión, cuchillas, boquillas, punzones, ventosas. Se cambian a menudo, a veces varias veces por semana.

Y hay piezas que posicionan: las que deciden dónde está esa herramienta respecto al producto.

Cuando las dos cosas son la misma pieza, cada cambio de consumible es un reglaje nuevo. El operario quita el cabezal gastado, pone el nuevo y empieza a probar: una impresión, un ajuste, otra impresión, otro ajuste. Diez minutos, veinte, media hora. Y material gastado en pruebas.

Cuando el diseño las separa, cambiar el consumible es solo eso: cambiarlo.

El caso

Una máquina que codifica y personaliza tickets RFID en bobina, con cabezales de impresión inkjet por ambas caras.

Por el uso intensivo, la sustitución de los cabezales es habitual. Es una operación de rutina, no una avería. Y precisamente por eso tenía que ser rápida y no romper nada.

La solución fue diseñar los soportes para que el cabezal se pueda sustituir sin perder su posición. El reglaje vive en el soporte. El cabezal se monta en él, y cuando se cambia, el soporte no se toca.

Separar el cambio de consumible del reglaje es lo que permite mantener la configuración de impresión durante toda la producción.

Un soporte que tuvo que evolucionar

Este soporte no salió así a la primera. Fue cambiando a medida que cambiaban los trabajos:

  1. Tres cabezales fijos por cara. La configuración inicial.
  2. Cinco cabezales fijos por cara. Los nuevos mensajes exigían cubrir más superficie del ticket. El soporte comercial ya no daba para eso, y se diseñó uno propio.
  3. Tres fijos centrales y dos extremos regulables. Después hizo falta variar la posición de los mensajes a lo ancho del ticket. Los extremos pasaron a regularse de forma independiente.
  4. Regulable y compacto. Una última evolución lo compactó para convivir con las cajas de codificación ajustables de la máquina.

En cada paso, el soporte ganó posibilidades de ajuste. Y precisamente porque se podía ajustar más, era más importante que ese ajuste no se perdiera al cambiar un cabezal.

Un soporte con muchas posibilidades de reglaje y sin referencias es una máquina que cada operario ajusta a su manera, y que nunca sale igual dos veces.

Las referencias: recuperar lo que ya funcionó

La otra mitad del problema no es el cambio de cabezal, sino el cambio de trabajo.

Cuando se pasa de un pedido a otro, la posición de los cabezales cambia. Y cuando ese pedido vuelve dentro de un mes, lo ideal es no tener que descubrir otra vez dónde iban.

Por eso los soportes llevan referencias de posición: marcas que permiten volver a un ajuste conocido. Los operarios guardan sus configuraciones de cada trabajo y las vuelven a aplicar en las tiradas siguientes. Una vez preparado el trabajo, la máquina mantiene ese ajuste durante producciones largas.

Los reglajes de los cabezales siguen siendo manuales. Y no pasa nada. Manual no significa impreciso si el ajuste tiene referencias. Un reglaje manual con referencias se repite; uno sin referencias se adivina.

Incluso los pomos de reglaje están torneados a medida. Parece un detalle estético, y en parte lo es, pero un pomo que se agarra bien y se gira con control es un reglaje que se hace mejor.

El principio, para cualquier máquina

Esto no va solo de cabezales de impresión. Vale para cualquier máquina con una herramienta que se gasta.

1. Identifica qué se gasta y qué posiciona. Si son la misma pieza, cada cambio de consumible es un reglaje. Si puedes separarlas, hazlo.

2. Que el consumible se monte contra una referencia que no se toca. El soporte guarda la posición; el consumible se apoya en ella. Cómo se consigue depende de cada caso —topes, alojamientos, pasadores, apoyos definidos—, pero la idea es siempre la misma: el consumible nuevo tiene que quedar donde estaba el viejo sin que nadie lo mida.

3. Que el ajuste tenga referencias visibles. Escalas, marcas, posiciones numeradas. Lo que haga falta para que el operario pueda apuntar dónde estaba cada trabajo y volver a ello.

4. Diseña para el cambio más frecuente. Si un consumible se cambia cada semana, el acceso a él tiene que ser el más fácil de toda la máquina. No lo escondas detrás de una tapa con seis tornillos.

5. Y pregunta a quien lo cambia. El operario sabe cuánto tarda, qué le cuesta y qué le obliga a volver a ajustar. Esa información no está en ningún plano.

Por qué importa tanto

Porque el tiempo de cambio no aparece en la ficha técnica de la máquina, pero sí en su rendimiento real.

Una máquina rápida que pierde media hora en cada cambio de consumible puede producir menos que una más lenta que lo cambia en dos minutos. Y en tiradas largas, con consumibles que se gastan a menudo, esa diferencia se acumula cada semana.

Además, cada reajuste es una oportunidad de error. Un cabezal mal repuesto imprime desplazado, y si nadie lo ve a tiempo, eso es producto defectuoso. La mejor forma de evitar un error de reglaje es no tener que volver a reglar.


En 7Axis Industrial diseñamos máquinas y conjuntos pensando también en cómo se van a mantener: qué se cambia, cada cuánto, y cómo se vuelve a dejar igual.

Ver el caso completo de la CCPB7 → Modificación y mejora de maquinaria →

Criterio de taller

Cuando el producto no trae marca de referencia

Una máquina de impresión en bobina necesita saber dónde empieza cada pieza. Normalmente se lo dice una marca impresa. Cuando esa marca desaparece, la referencia hay que buscarla en el propio producto, y eso cambia más cosas de las que parece.

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